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¿Son realmente malas las divisiones? ¿Puede Dios tener un propósito con ellas? En esta nota te presento una realidad distinta a la que quizás pudiste ver.

Me considero un apasionado por la unidad de la iglesia. Desde mi adolescencia, cuando hablar de este concepto no te hacía tan popular, comencé a proponer algunos programas y actividades que buscaban cristalizar este precioso sueño.

En el camino me crucé con gente tanto o más apasionada que yo, y hasta el día hoy estamos abocados, de distintas formas, a lograr que el Cuerpo de Cristo pueda concertarse y unirse «entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mútuamente...» (Efesios 4:16).

En esta tarea que el Señor me encargó, pude ver de cerca ciertas situaciones de división que me provocaron una profunda frustración. No entendía muchas cosas, y lo poco que entendía, es que esas discrepancias sólo servían para restarnos fuerzas como iglesia, y volvernos inefectivos. Sin embargo, un buen día, Dios me mostró una realidad distinta a la que yo había podido ver.

Los primeros capítulos de Génesis 11 nos hablan de una «unidad» realmente problemática. Los hombres se habían puesto de acuerdo en torno a un ambicioso proyecto. Querían construir una ciudad, y en ella una torre cuya cúspide los llevara al cielo mismo. Esta iniciativa no era mala en sí misma, pero contrariaba el mandato que Dios había dado al hombre, de fructificar, multiplicarse, y llenar la faz de la tierra. Entoces el Señor tuvo que intervenir.

Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

Génesis 11:6-8 - RV60

El final de esta historia habla de hombres dispersos, que al no poder entenderse entre sí, volvieron a su asignación inicial y continuaron con la tarea de «llenar la tierra».

Como dije anteriormente, mi tarea sigue estando abocada a la unidad del Cuerpo de Cristo. Es la asignación que se me encargó, y no voy a claudicar. Sin embargo entendí que Dios, en su soberanía, también utiliza las divisiones para conseguir que sus hijos persigamos aquél mandato que Él nos hizo inicialmente.

Como diría alguna serie de televisión: [Esta historia continuará...]

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Acerca del autor:

Franco D. Ocaranza es programador web y móvil, diseñador, escritor, y comunicador en general. También es líder de jóvenes, músico y director de alabanza. Fundó y dirige XTO Factory (Consultora creativa). Es uno de los fundadores de la Red Juvenil Tucumán, parte de su Comisión Directiva, y trabaja desde su adolescencia por la unidad de la Iglesia de Cristo en Tucumán. Ideó y actualmente coordina el Teófilos Project.

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