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Están metidos en casi todas las casas, pero se camuflaron muy bien para no ser detectados. Una revisión completa, para erradicar a esos silenciosos enemigos que buscan destruir tu hogar.

Existe en la actualidad, una gran cantidad de familias que atraviesan un tiempo de crisis sin precedentes. Las que todavía habitan bajo un mismo techo están divididas de otras maneras. Enfrentan graves problemas de comunicación, constantes discusiones, peleas, o directamente viven en un estado de incomunicación.

Cualquiera de los casos mencionados hablan de un proceso de corrosión, que silenciosamente fue minando las relaciones durante años. En este artículo vamos a analizar algunas de las estrategias que el enemigo ha utlizado históricamente para destruir a las familias, y al desenmascarar su «modus operandis», podremos provocar cambios que nos lleven a contrarrestar esos planes de maldición.

1. Problemas no resueltos

Todas las familias a lo largo de la historia han tenido que luchar contra este flagelo. Se trata de esa basura que va quedando bajo la alfombra. Problemas que nunca fueron debidamente resueltos, y que a la larga fueron infectando los corazones con rencor, resentimiento, raíces de amargura, etc.

Esos recuerdos indeseados, aunque parecieran haber quedado en el pasado, en algún momento vuelven a aparecer en la escena; y el poblema más grande es que cuando reaparecen, su tamaño es mucho mayor que en el principio, porque son como infecciones que estuvieron años supurando, y al no ser atendidas debidamente en el tiempo correcto, se esparcieron por todo el organismo.

Para evitar que estas tácticas del enemigo funcionen en tu familia, necesitas establecer un plan de acción para resolver y dar seguimiento a todos los conflictos que les toque enfrentar. Con la guia de Dios propónte no dejar pasar ninguna situación sin ser tratada y resuelta debidamente. Estarás cerrando una enorme brecha, y evitando problemas futuros en tu casa.

2. Falta de respeto y maltrato

Tristemente hoy, la mayoría de las familias están acostumbradas a dar y recibir un trato áspero y carente de respeto. Es normal presenciar discusiones en que los insultos y palabras hirientes viajan de un lado a otro sin impedimentos, y lo más grave, es que como dije, se ha naturalizado tanto entre nosotros, que ya ni siquiera sentimos culpa de las cosas que llegamos a decir.

La verdadera tragedia en esta situación es la pérdida completa del respeto. Ya no existe la deferencia que merece un padre, una esposa, y aún el niño o joven que duerme en la habitación de al lado. Cuando esto ocurre todo el diseño de Dios para la familia se desdibuja, y aquellos que debieran ser de edificación para los demás miembros, terminan siendo herramientas que el enemigo usará cada vez que quiera para maldecir, insultar o herir al otro.

Para contrarrestar estas maniobras del enemigo necesitaremos trabajar fuertemente en la recuperación del respeto y la estima de unos con otros. Esta tarea se logra con acuerdo, y básicamente, serás quien proponga el cambio, e inspire desde el ejemplo propio. No será fácil ni rápido, pero con la ayuda del Espíritu Santo lo vas a lograr.

3. Falta de confrontación

Ya sea por displicencia o resignación, hay muchos hogares en que no existe la corrección mutua. Cualquiera de sus miembros puede estar obrando de una forma ostensiblemente incorrecta, pero nadie le dirá nada, y a la larga las consecuencias de ese mal proceder arruinarán la vida del protagonista, y también la de sus allegados.

La mejor manera de amar a tu familia es corrigiéndolos, buscando que mejoren contínuamente, no permitiéndoles hábitos o prácticas nocivas. Necesitarás confrontarlos frecuentemente, y armarte de un corazón dócil y humilde, porque ellos también, eventualmente, deberán amonestarte en los errores que cometas.

Procura fomentar en tu casa un ambiente sano, y propicio para las correcciones mútuas. No dejes que esos momentos resulten incómodos o aparatosos. Debes trabajar en sentar la impronta de que TODOS fallamos constantemente, y que por lo tanto no es escandaloso que también haya corrección en todas las direcciones.

4. Indiferencia

Hay hogares en que la comunicación es prácticamente nula. Quizás todos están habitando en un espacio físico común y compartiendo la misma mesa, pero nadie está al tanto de lo que le ocurre a los demás miembros de la familia. Eventualmente pueden existir conversaciones, pero suelen ser muy superficiales o forzadas, por lo que ni siquiera deberían ser contadas como comunicación.

En estos casos suele pasar que cada miembro enfrenta sus problemas de forma solitaria, y por lo general fracasa, porque son situaciones diseñadas para ser enfrentadas como familia, aún cuando se trate de asuntos indiividuales.

Para resolver esta deficiencia deberás fomentar la comunicación en tu casa. Organiza y coordina actividades en que periódicamente la familia se reúna para compartir (sin celulares, computadora o TV), y también procura que haya comunicación individual, por si hubiese asuntos que necesiten ser tratados en privado. Para esto último, en lugar de reuniones, puedes realizar «visitas» a los demás miembros de la familia, o invítalos a desayunar, merendar, etc.

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Acerca del autor:

Franco D. Ocaranza es programador web y móvil, diseñador, escritor, y comunicador en general. También es líder de jóvenes, músico y director de alabanza. Fundó y dirige XTO Factory (Consultora creativa). Es uno de los fundadores de la Red Juvenil Tucumán, parte de su Comisión Directiva, y trabaja desde su adolescencia por la unidad de la Iglesia de Cristo en Tucumán. Ideó y actualmente coordina el Teófilos Project.

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